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Cochinillo con tempranillo
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Las distintas caras de esta cepa
Cochinillo con tempranillo
Dejémonos de cosas, las catas de vinos no son un juego ni una aventura que deban tomarse (o beberse) a la ligera. Las catas de vino son un cónclave místico. Son como un peregrinaje a la Meca o a Tierra Santa. Una cata de vino es un acto serio, que compromete a los catadores con las decisiones adoptadas de la Cofradía y que requiere, además, de la absoluta convicción y fe en que los resultados obtenidos reflejan exactamente las sensaciones de los cofrades partícipes en la cata (aun cuando fuesen ingratos con algún vino).

Los cofrades de “Los Estos”, en sus ya célebres catas en La Eñe, somos concientes de ello.

Por eso, el peregrinaje del último lunes a las tierras del tempranillo -realizado en el privado de La Eñe- se inició con el bautizo del Tastevin de plata que obtuvo el cofrade Roberto Viacava el año pasado por el primer puesto en la carrera "Sommelier y Consultor en Vinos" del  Instituto del Vino (IDV). El padrino, como no podía ser de otro modo, fue Carlos De Piérola, por cuya perseverancia contamos con el único portal de discusión enóloga del Perú.

Los vehículos al nirvana del tempranillo fueron el Picasso peruano, el Q Zuccardi argentino, los españoles Emilio Moro 2000 (Rivera del Duero), Prima (Toro), y P. H. Remondo 2000 (Rioja), así como un invitado de lujo: El riojano Prado Enea Reserva 94.

Asimismo, como en ningún lugar está escrito que el misticismo deba estar reñido con la opulencia y la exacerbación de los sentidos, además de las excelentes tapas de La Eñe, nuestro peregrinar incluyó un cochinillo a la española con romero, ajo, olivo y champiñones que estuvieron a la altura de todas las circunstancias, porque, como dijera Fito, “el tempranillo rima bien con cochinillo”.

Los miembros de la Cofradía así como algunas de sus parejas allí presentes, arribaron a las conclusiones siguientes:

1º Lugar Prado Enea Reserva 94: vino muy equilibrado, cuyo color mostraba su añejamiento. Estaba en su momento justo. En nariz, aromas animales, humo, cuero, vainilla y ciruelas. En boca un suave sabor a frutos rojos y frescos, moras, crema de cassis e incluso Oporto y regaliz. Además de las calidades inherentes del vino, su presencia fue el cumplimiento de una promesa de la que (valgan verdades) algunos dudábamos; por lo que debemos entender que el puntaje obtenido constituye un doble reconocimiento. Puntaje promedio 91 ptos. 

2º Lugar Herencia Remondo 2000: en nariz: Aromas frescos (mentol, balsámico y violetas) y herbáceos (apio), así como vainilla, durazno, zarza mora, grosella negra, cuero y licor de cassis. Realmente todo un catálogo de aromas bien equilibrados, donde destacaba la frescura del mentol. En boca madera y un ligero amargo. Un vino bueno y elegante. Puntaje promedio 86 ptos.

3º Lugar Emilio Moro 2000: como se comentó esa noche, el tercer lugar del Emilio Moro “desmorolizó” a algunos cofrades, y si he de ser honesto, creo que hubieron dos circunstancias que complotaron contra el vino. La primera es que necesitaba más tiempo para abrirse; y la segunda es que su arribo coincidió con el caliente cochinillo rebosante en hiervas y ajos que distrajo a más de uno (me incluyo). El Moro, en nariz destacó por sus aromas a canela, frutos de bosque, manzana, cuero y tabaco. En boca, un vino largo, con una acidez equilibrada, sabor a frutas negras, tierra, chocolate y especies. Puntaje promedio 85.

 El 4º, 5º y 6º lugar lo ocuparon el Q. Zuccardi (83 ptos), el Prima (79 ptos) y Picasso (76 ptos), respectivamente. Lo resaltante del Q. es el sabor agridulce del chocolate, mezclado con frutas y pimiento. Un vino interesante pero para beber dos o tres copas y no más. El Prima, un vino bien equilibrado, con aromas a hierbas (principalmente romero) moras y cereza, así como astringente en boca. Finalmente, el Picasso, vino para probar, aunque resultó un poco desequilibrado. Aromas dulces a vainilla, especias y frutos rojos, resaltando en boca frutos cocidos tipo compota (me recordó el gerber que come mi hija) taninos secantes y madera.

El torpedo de la noche fue un argentino Norton tempranillo, que estando a ciegas, dividió las opiniones sobre su origen (unos opinaron que era del viejo mundo, otros que del nuevo mundo), aunque al final todos coincidiéramos en que no era 100% tempranillo. 

Sobre las frases de la noche, que no fueron  muchas, me quedo con una. “Esta es la mejor cata que hemos organizado”. No se quien lo dijo, pero quien lo haya hecho, coincido plenamente con él.

Por lo general los ritos comienzan de similar forma con la que terminan. Así tenemos al rezo cristiano que se inicia y termina con la misma señal de la cruz; el mito de la creación del hombre consiste en que de la tierra surge y a la tierra regresa; o los carnavales romanos (vinculados a la fiesta de Baco) que empezaban con la personificación del rey momo y terminaban con él (como una forma simbólica de restablecer el orden).  De igual manera corresponde cerrar esta crónica de la misma forma con que empezó la noche del lunes 03 de octubre, citando una frase que bien podría transformarse en el juramento de iniciación de “Los Estos”: “El vino tiene el poder de hacer confraternizar a los hombres, de ahí que todos los pueblos de cultura vinícola lo hayan elegido como símbolo de unión y hermanamiento. En torno a las copas de vino los hombres establecieron sus lazos de amistad, celebraron sus fiestas, firmaron sus acuerdos de negocio y de paz y crearon sus cofradías”.

Manuel Mesones Castelo (enófilo)

12-10-2005
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